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La cirugía ortopédica pediátrica
Los
problemas ortopédicos, es decir, del aparato locomotor o sistema
músculo-esquelético, constituyen un 25% de los trastornos característicos
de los niños.
Muchas de les pretendidas alteraciones ortopédicas han de ser consideradas
como variantes de la normalidad, a veces llamadas deformidades “fisiológicas”,
y no se corresponden con verdaderas enfermedades ni malformaciones. A
menudo, durante el crecimiento del niño, estas deformidades aparentes
tienden espontáneamente a la corrección. Un ejemplo de esto serían las
rodillas varas (piernas en arco). Por el contrario, otras deformidades
progresarán durante la infancia y la adolescencia y la incapacidad
funcional al final del crecimiento puede ser importante. El tratamiento en
estos casos debe ser lo más precoz posible para ser eficaz. De aquí la
importancia, por ejemplo, de un diagnóstico precoz de la escoliosis.
Todavía, un tercer grupo de problemas ortopédicos, más allá de la
significación que comporta la propia alteración músculo-esquelética, tiene
interés por el conocimiento de enfermedades que pueden asociarse. Por
ejemplo, algunas sindactilias de los dedos de la mano se asocian con
malformaciones de corazón.
Ante
problemas ortopédicos de niños, el médico tendrá que establecer un
diagnóstico correcto, y muchas veces aconsejar simplemente una actitud de
observación, esperando una resolución espontánea o la ausencia de
repercusión funcional en la edad adulta. Cuando se requieran más estudios
diagnósticos o un tratamiento específico, convendrá derivar el niño a un
cirujano ortopédico pediátrico.
El
valor de los métodos de diagnóstico por la imagen (radiología, ecografía,
tomografía axial, resonancia magnética, gammagrafía ...) depende de
múltiples factores, incluyendo las características individuales del
paciente, la interpretación del médico y las variables del entorno en que
se ha realizado la prueba. Por ello, a pesar de ser útiles y seguras, no
pueden ser consideradas infalibles ni exactas y a menudo requieren la
evaluación por un médico experto en este tipo de afecciones.
Antes de tratar las deformidades ortopédicas debemos considerar el niño en
todo su conjunto. Las limitaciones de las actividades físicas de algunos
aparatos a menudo perjudican la actividad del niño en el juego. El médico
tan solo recomendará tratamientos necesarios y efectivos y evitará
todas aquellas medidas tradicionales que no han demostrado ningún
beneficio para el paciente como pueden ser las llamadas "botas ortopédicas"
o las férulas "en sirena". No tienen ninguna justificación las
recomendaciones de tratamientos ineficaces sólo porque los padres vean que
"hacemos algo". Hoy en día, afortunadamente, los padres acostumbran a
comprender bien las explicaciones de los médicos, si el diagnóstico es
preciso y se asegura un seguimiento periódico.
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